Por
su situación y pos su altitud, su clima benigno ha contribuido a que
Bossòst sea un perfecto lugar residencial y de descanso durante todo
el año.
El
aspecto arquitectónico y urbanístico denota una clara influencia gascona,
especialmente en la construcción del paseo al lado del río y de la
carretera, con numerosos tilos. En la Plaza Mayor, que
había sido mucho más espaciosa que la actual, había un gran olmo
centenario que según la tradición había sido plantado por Enrique
IV de Francia.
Históricamente
era la población más importante del valle, su vitalidad económica
hizo que fuera durante muchos años también la más grande. Actualmente
Bossòst es la única localidad del valle que ha mantenido su industria
transformadora de madera y tiene un aserradero. En el municipio también
encontramos una central hidroeléctrica que se nutre de las aguas del
río Garona.
Pero
el sector económico que ha adquirido más relevancia es el de servicios:
hostelería y comercio. Una actividad que tiene tradición, ya que hacia
1840, Bossòst contaba ya con cuatro tabernas y tres tiendas de quincallería
y licores. Se importaba granos, licor y géneros de vestir y se exportaba
madera y ganado. En la actualidad se celebra el mercado semanal los
miércoles y tres ferias al año: Lunes de Pascua,
25 de junio y una de ganado el 5 de octubre.